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A rienda suelta
Allá por los años 72-73 del siglo pasado, un servidor aterrizó en Lima (Perú) para visitar al grupo de jóvenes católicos (JIC) y animarlos al compromiso de anunciar el Evangelio, la Buena Nueva, en medio de los jóvenes de las capas medias de la población. En mi estancia allí acudí a una conferencia de un joven sacerdote, que resultó ser Gustavo Gutiérrez.
Gustavo Gutiérrez tiene 96 años y ha sido rehabilitado por el Vaticano en cuanto a la doctrina de la fe. El trapense y poeta Ernesto Cardenal también fue maltratado por Juan Pablo II, pero la rehabilitación le llegó tarde de la mano del Papa Francisco.
El Sínodo ha sido en los últimos siglos cosasde obispos y cardenales católicos. El Papa Pablo VI convocó a todos los obispos católicos a raíz del Concilio Vaticano II. Ahora por iniciativa de Francisco se vuelve a la tradición antigua de cardenales, obispos, diáconos, monjas, frailes, hombres, mujeres en la Iglesia, unidos al obispo de Roma: El Papa.
Los laicos participan porque son parte esencial de la Iglesia, pero aquí en Jerez y su diócesis se sustrae el diálogo entre los miembros, incluidos los laicos. Sustraen el derecho al diálogo abierto entre las diversas partes de la Iglesia. ¿Son los laicos parte activa de la renovación y actualización del mensaje de Jesús? ¿Son los laicos y laicas recitadores de textos religiosos fuera de la actualidad? Gustavo Gutiérrez repite una frase de Simone Weil: el único derecho que tienen los pobres es el de no tener derechos.
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